Sanjuán te cuida: El porqué

PEQUEÑA

 

 

La revista se va de vacaciones y se me ocurrió utilizar esta última entrega de la temporada para explicar la idea que subyace bajo las recetas.

Supongo que los que hayan leído o hecho alguna de las recetas se habrá preguntado por qué en ninguna se utilizan productos de origen animal.También puede que alguien se pregunte la razón para que el adjetivo “vegano” no aparezca pareada a cada una de las recetas denominando la sección como “recetas veganas”.

Respecto al adjetivo “vegano”, su uso limitado es por la sencilla razón de que las etiquetas muchas veces tienen una carga de significado que influye negativamente para que la gente se acerca a lo que expones. Muchas veces el simple adjetivo anula la capacidad para abrirnos a lo que tenemos delante y nos posiciona en una subjetividad obtusa y miope.

Para mi el concepto vegano debería ser como el de ecológico, el de sano, comercio justo, etc. Es un concepto positivo en todos los aspectos y lo que es más importante, sostenible argumentalmente en las distintas aproximaciones que queramos hacer (nutricional, ético, ambiental, productivo…). Evidentemente como en todo existen puntos de mucho peso en lo que esta opción puede flaquear y incluso ser incoherente. Otro día los vemos.

Este concepto debería estar integrado en nuestro entorno de forma natural y de forma positiva como lo es hacer ejercicio, reciclar o apoyar el consumo local. A frases como: “salgo a correr”, “voy al monte a pasear”, “voy a tirar el papel al contenedor azul”, le podríamos sumar otras igual de positivas como “esta semana cenamos vegano”, “reduzcamos el número de huevos y lácteos a la semana”, “voy a hacer unas lentejas sin carne”…

El objetivo es comer menos de estos productos de origen animal, hasta donde y cuanto, eso es una elección soberana y personal. El que haya gente que lo haga de forma parcial, ya será un logro.

Partimos del ideal y cada uno que encuentre su punto de comodidad, espero que no os pueda la vaguería. Además tened en cuenta que incluyendo elementos no habituales, variaréis la dieta, saldréis de vuestra zona de confort culinaria/nutricional y descubriréis cosas nuevas. Personalmente y de forma honesta, en mi vida podría decir que ocupa entorno al 70/80% de las cosas que como/visto.

Y que argumentos utilizo para soltar tamaña chapa mesiánica. Pues así muy ligeramente se pueden resumir en tres pilares con infinitas ramificaciones. Lo que no podemos obviar, pese al peso que le ponga cada uno a los distintos argumentos, es que es totalmente imperativo que todos comamos menos carne y menos productos derivados de los bichillos, al menos producidos de forma industrial.Es una cuestión de sostenibilidad y en breve de supervivencia.

Respecto a la salud supongo que ya todos sabemos los problemas derivados de las tasas actuales de consumo de estos productos. Pero si es cierto que si no vives erróneamente abrazando el punto de vista absurdo de “soy carnívoro” y comes “bien” unido a variado, el riesgo de que se den estos problemas, es más bien bajo. Asumo que no os alimentáis de fideos y lasaña de microondas.

En cuanto a los motivos medioambientales. Los productos animales, que aportan en su mayoría fuentes de proteína, son la forma más ineficiente de producir este elemento nutricional. Consumen cantidades ingentes de recursos (agua, suelo, vegetales,..), generan muchísima contaminación y la ratio de inversión/obtención, es muy poco eficiente (sin internalizar los costes ambientales) y difícil de justificar en comparación con proteínas vegetales.

Es indiscutible que de estos productos se obtiene una proteína completa y de maravillosa calidad, pero basar nuestro consumo únicamente en proteínas animales, es elegir el análisis sesgado y facilongo.

La parte ética, ya sabéis, comer carne, huevos, lácteos y más de origen industrial es un locurón. A estas alturas de la evolución humana y hacia donde deberíamos ir es una incongruencia. No tiene sentido cuidar a tu perrito/gatito monísimo y que le den al resto de animales, no solo que le den, que vivan torturados. Los detalles sobre al industria animal, para mi, son aterradores y por eso se ocultan.

Pero bueno esto es una cuestión estrictamente ética y de principios, si eres capaz de comerte un cochinillo o un cordero, arquetipos de la inocencia, abrirse a esta dimensión ética será más difícil, pero no imposible.

Sabiendo todo esto, súmale el incluir productos de producción ecológica. Si tu bolsillo no te lo permite, al menos elije aquellos cuya huella ecológica (aquellas consecuencias o impactos ambientales derivados de su producción) es mayor, es decir los de origen animal. Elige cosas de cerca y lo menos manipuladas/procesadas posibles. Infórmate y lee, eres importantísimo. Ello potenciará muchísimo los pequeños pasos hacia el cambio infinito.

Resumiendo, el objetivo de todo esto es que comamos menos bichos y sus derivados. Por ti, por todos y por ellos. Dejarlo totalmente o parcialmente, ya es una cuestión personal. Comer menos de todo ello es indiscutiblemente bueno para la triada del tu, yo y ellos.

Recordad: Consumir bien es tu mayor arma y es lo que más miedo le puede dar a los que manejan el poder erróneamente.Las posibilidades son infinitas ya sea no comprando en cadenas de ropa de producción infame, respectando el pequeño comercio, comprando biológico, eligiendo productos con menos embalajes y menos plástico,…

¿Os apetece el plan?. Feliz verano

Por: Álvaro Sanjuán del Castillo.

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