Paula Móvil

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Hemos intentado entrevistar a la crítica gastronómica y amante del buen comer Paula Móvil sin decir ni una sola vez la palabra foodie. Casi nos sale.

El blog Get in My Belly! tiene ya un buen recorrido, ¿Qué te atrajo de la crítica gastronómica?¿La atracción por la cocina es tradición en tu casa? 

Get in my Belly! empezó como una forma de guardar de manera ordenada (e ilustrada) todos los restaurantes que visitaba, una manera de mantener un registro de ellos. Con el tiempo, al ver la cantidad de restaurantes a los que iba y “descubría”, mis amigos empezaron a pedirme recomendaciones de lugares a dónde ir. De repente el blog se convirtió en la forma más fácil de hacerlo. La verdad es que el blog nunca despegó para convertirse en una referencia más allá de amigos y conocidos, la cantidad de visitas que tenía al mes eran bastante insignificantes pero los pocos que me seguían lo disfrutaban y con eso me bastaba. Lo que me atrajo de la crítica gastronómica es que (a mi parecer) tenía las armas suficientes para atreverme a hablar y reflexionar sobre el tema. Me gustaba poder aportar mi opinión sobre un ‘hobby’ al que le había dedicado mucho tiempo y esfuerzo. Me gustaba comer y contarlo aún más… así que el blog se convirtió en la excusa perfecta.

Nací y crecí en Guatemala y de pequeña lo de la comida nunca fue algo que mereciera mi curiosidad. Comía mucho (demasiado diría yo) y lo disfrutaba, pero nunca fue algo a lo que me quisiese dedicar. Mi madre siempre cuenta que cuando me levantaba de la siesta me levantaba gruñona (desde bebé hasta adolescente) y para hacerme feliz me daba un helado o una tarta de chocolate. En cuestión de segundos estaba dando saltos de alegría y repartiendo besos por doquier. Así que como ves la comida siempre estaba presente, era un refugio de felicidad y satisfacción. Probablemente no fuese lo más sano, pero sí que me hacía feliz. Disfrutaba comiendo pero en esa época era la típica niña a la que le atraía más la comida rápida que un buen guiso.

Mi abuela materna cocina de muerte, es la bomba en los fogones y siempre ha cocinado de maravilla. Lamentablemente nunca aprendí a cocinar con ella, es algo de lo que me arrepiento, pero sí que aprendí mucho al verla cocinar (y comer): paciencia, disfrute, cariño… sobre todo eso, mucho cariño al saborear y al cocinar.

¿Cómo es eso de coger un día y ponerse a escribir sólo por y sobre la comida? ¿En qué momento pasó de ser un hobby a convertirse en tu trabajo?

Pues yo creo que la razón estuvo en que sin pensarlo mucho, empecé a especializarme en la comida. Empecé a obsesionarme con ella. Hubo una época en la que me obsesionaba de formas poco saludables pero conforme pasó el tiempo convertí mi relación con ella en un momento disfrute y pasó de ser un arma de tortura a convertirse en una de placer. Me di cuenta de la cantidad de tiempo que le dedicaba a buscar restaurantes dónde comer, la cantidad de tiempo que le dedicaba a leer acerca de comida, la cantidad de dinero que me dejaba en cada restaurante.. y decidí que lo que me hacía feliz era comer y contarlo. Así que decidí ir a por ello.

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Formas parte de la revista Tapas y eres jefa de la redacción madrileña de Plateselector. Cuéntanos cómo han sido tus experiencias y el paso de internet al papel.

Plateselector contactó conmigo porque necesitaban a alguien que colaborara con ellos aquí en Madrid. Leyeron mi blog y les gustó mi estilo, así que empecé a publicar artículos como churros. Yo estaba sin trabajo en ese momento así que era el momento perfecto para dedicarme a tiempo completo a ello. Le dedicaba mucho esfuerzo y ponía mucho empeño en cada uno de los artículos que escribía. Le dedicaba mucho tiempo. Ahora mismo abundan los blogs y cualquiera se muere por salir en ellos, pero cuando empezamos había que armarse de valor para pedir que te concedieran una entrevista, un plato para foto (que ni siquiera pensábamos en comernos). Ir a Casa Camacho y convencer a los camareros que te dejen tomarles una foto no es fácil, o que te recibiera Abraham García de Viridiana… pero tenía tantas ganas de escribir sobre ellos (entre muchos otros) que me daba igual que me dieran una gran negativa o una mala cara. Basta con que quieras algo para perseguirlo, y ya de paso hacer un poco de callo. Era frustrante a la vez porque sabía que no podía vivir de eso y no sabía que futuro me esperaba… pero al final, con el apoyo de Johann, Khaled, Alba y Juaniyo (los fundadores de Plateselector) y mucha paciencia, el trabajo empezó a dar sus frutos y sirvió como trampolín para que me leyera más gente y se fijaran en mí. Eventualmente conocí a David Moralejo, un periodista al que seguía muy de cerca y que me fascinaba como escribía. No me perdía ni  uno de sus artículos. Un día coincidimos en un evento, lo ataqué en plan groupie y desde entonces mantuvimos el contacto. Cuando lo llamaron como redactor jefe en Tapas me llamó y me dijo que podía haber un hueco para mí como redactora. No solo se convirtió en mi jefe, sino también en mi mejor amigo y en la persona de la que sigo aprendiendo para ser una mejor periodista.

Los cocineros se han convertido en nuevos ídolos de masas gracias a programas como Masterchef o Topchef y tenemos las redes sociales tan saturadas de platos de comida que casi han conseguido desbancar a selfies y gatitos. ¿Qué opinas estas modas?¿Crees que se trata de algo beneficioso o dañino para el comensal?

Los chefs han logrado transformar el mero acto de comer en una experiencia gastronómica llena de sensaciones. Y eso es bueno porque la gente se interesa en lo que ahora llega a su plato, escoge salir a comer fuera en vez de quedarse en casa y empieza a considerar el salir a cenar como un momento de ocio al que le brinda la misma importancia (o incluso más) que ir al cine o a un concierto. ¿Lo malo? Que muchos se aprovechan y abusan de ello con precios desorbitados, mala calidad, egos incontrolables y mucho gato por liebre. La moda no creo que sea algo malo, creo que lo dañino viene cuando el comensal no exige calidad.

Somos muchos los que hemos tirado la toalla a la hora de encontrar un buen menú del día, buscando un equilibrio entre calidad y precio. ¿De dónde sacas fuerzas para seguir investigando nuevos sitios?

Jajajajajaj la obsesión. Me obsesiona esa búsqueda de un buen plato. Me llevo demasiadas decepciones pero cuando por fin encuentras ese sitio que te hace sonreír es como haber encontrado el amor verdadero. Las fuerzas vienen también del simple hecho de que siempre tengo hambre, no puedo parar. Lo del menú del día yo también lo he dado por perdido, hace mucho que no me apetece comer de menú del día, hace mucho que no encuentro un chollo de calidad. Aunque bueno, siempre me quedará La Sanabresa.

Ah, y compartir el acto de comer con alguien más es siempre una maravilla. Me encanta estar con mis amigos y me encanta estar con mi marido. Juntarlos a todos alrededor de una mesa es ya para mí el reino de la felicidad. Nada me hace más feliz.

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No sólo te parapetas tras el teclado: organizas, junto a Roberto Castán, La Vermutería Pop Up. Por si hay algún rezagado en la sala: ¿Qué es la Vermutería?¿Se concibió como fiesta o como modo de dar a conocer distintos vermús de  grifo?

La Vermutería es un evento efímero que empezamos junto a Roberto porque nos fascina el vermut y nos empezamos a dar cuenta de que nadie sabía lo que era de verdad, cómo y con qué se elaboraba. Íbamos a los bares a beber vermut de grifo pero el camarero solo te decía “es artesano” o “es de Reus”. Empezamos a investigar y no hay nada como un vermut artesano (lo puedes “tunear” que ni siquiera es legal, pero esto quiere decir sencillamente que lo compran a granel a una marca), y en Reus hay cinco marcas importantes de vermut. Así que nadie especificaba lo que vendía. Luego estaba el hecho de que en Madrid beber vermut de botella está mal visto cuando en realidad es lo mismo que el grifo (el grifo es solo una manera de enfriarlo y ni eso a veces, es solo una forma de servirlo), por lo que decidimos descubrirle a la gente la variedad de marcas que hay en el mercado para que el vermut llegase a más gente, todos pudiesen escoger su favorito y disfrutarlo de una manera diferente. Hace mucho que abandonamos la noche para empezar a disfrutar de los rayos de sol con vermut en mano, por lo que hacer una fiesta dedicada al aperitivo y al medio día se convirtió en una estupenda idea. Fue difícil al principio porque tuvimos que invertir dinero, rogar a las marcas de vermut que formaran parte de nuestros eventos y convencer a los locales de que era algo beneficioso para ambos. Ahora, el apoyo que tenemos de la mayoría de marcas de vermut es muy gratificante.

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Hemos revisado tus 18 recomendaciones para 2015 y parece que hicimos bastante bien los deberes. ¿Nos chivas tus nuevos sitios preferidos?

¡Claro! Este año estoy que no puedo dejar de ir a Casa Lafu una y otra vez. Sus hot pots en dónde sumergir cualquier ingrediente (desde carnes, casquería o setas hasta verduras, pasta o lo que se te venga en gana) son un absoluto vicio. El ritual de comer en este sitio es una maravilla. El Rincón de Pang Pang es genial también, es un restaurante chino en el barrio de Las Letras con el anfitrión/cocinero más adorable del planeta. No sabe explicar muy bien los platos que tiene fuera de carta pero dile que quieres comer lo que comen los chinos y no lo que hay en la carta y verás salir una sonrisa en su cara. Cada plato que te pone en la mesa viene acompañado de su emoción. Para volver y volver…

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Fotos por: Leticia Díaz

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