Negro brillante – Capítulo 3

NB_03EURITMIA

Almudena y Mar están sentadas en una terraza a la francesa (sillas en paralelo orientadas hacia la calle). No hablan. Beben y contemplan a la gente pasar. Relajadamente. Todavía es invierno y hace frío, pero también hace sol.
Qué gusto que haga sol – piensa Mar.
Sol y frío, me encanta – piensa Almudena.
Se está bien. Esto es estar bien. Hacía tiempo que no tenía nada que hacer. No tengo la sensación de tener nada que hacer ¿No tengo nada que hacer? – piensa Mar.
Qué raro que hayamos conseguido… Ha contestado tan deprisa, le ha parecido bien… tan deprisa… Estaba tan convencida de que me iba a decir que no que casi me arrepiento de haberla llamado. Estaba preparada para el no. Siempre dice que no. Siempre está con el novio secreto ese que tiene – piensa Almudena.
Mola este sitio – piensa Mar.
Frutos secos con pipas. Qué cutres – piensa Almudena.

–    Mar
–    …
–    Mar
–    ¿Qué?
–    ¿Pido unas patatas?
–    Nah, por mí no, estoy bien.

Ya podrían poner otra cosa. Llevamos tres cervezas. Aceitunas. Patatas. Queso. Comida de verdad. Luego se quejarán cuando tengan que cerrar porque no viene la gente. Se salvan por la terraza – piensa Almudena.
Está pensando en patatas, aceitunas, banderillas. Anchoas gratis. Me juego el cuello a que está pensando eso – piensa Mar.
Y las cañas fatalmente tiradas. Hasta mi hermano las ponía mejor. En aquel bar. Con el Álex. Salva y el Álex. Vaya pareja. Vaya mierda de bar tenían. El Álex ¿Seguirá vivo?  – piensa Almudena.
Vaya cara de amarga está poniendo – piensa Mar.
Sol y frío, uhm… – piensa Almudena.
¡Qué abrigo! ¡Qué pelo! ¡Qué perro! – piensa Mar.

–    ¿Has visto a esa tía? – dice Almudena.
–    Ya ¿eh? – responde Mar.
–    Si es que hasta el…
–    Hasta el perro le favorece, sí.

Almudena y Mar dan un trago a sus respectivas cervezas y vuelven a quedarse en silencio.

Me gusta el corte de pelo – piensa Mar.
El pelo… es el corte que quiero… pero claro con esa cara y esa cabeza es normal que le quede bien. Yo no me lo puedo poner así. Hay cabezas para unas cosas y cabezas… como la cabeza del Álex. Hizo muy bien rapándose. Quedarse calvo con 19 años no debe ser agradable. Pero él le sacó partido. Qué obsesión tienen los tíos con que se van a quedar calvos. A él hasta le vino bien. Le hizo más interesante. Era su marca: su coche, su calva, su manera de andar, el saltito… El Álex. Su cabeza. La forma que le hacía por detrás. Cómo se le arrugaba cuando decía que no. Cuando estaba preocupado y resoplaba y se pasaba la mano por todo el cráneo. Cuando le empezaba a salir el pelo y me dejaba pasarle los dedos por la parte… ¿Occipital? El Álex fumando con la cabeza inclinada. Su cabeza, tan delicada – piensa Almudena.
Qué gusto que Salva no esté ¿Está mal que no le eche de menos? – piensa Mar.
Occipital, delicadeza, pelos cortos, armonía de proporciones, ar-mo-ní-a – piensa Almudena.
Ojalá pudiera contárselo. Sería un alivio. Alivio. A-li-vio – piensa Mar.
¿En qué estará pensando? Bah, no piensa nada y no tenemos nada que decirnos – piensa Almudena.
¿Y si se lo cuento ahora? A lo mejor… A lo mejor está todo en mi cabeza. Hasta le parece buena idea. Nunca me ha contado por qué… Para ella él es un gilipollas y punto. Pero es su hermano. Algo más debe haber. Él tampoco me ha dicho nada. La ignora y ya – piensa Mar.
Siempre con su novio misterioso. Siempre escondida ¿Qué tendrá? ¿Le da vergüenza que me conozca? ¿Le doy vergüenza? – piensa Almudena.
Ahora voy y se lo cuento y descubro que todo está en mi cabeza. De repente le parece buena idea. Me acompaña a elegir el vestido. El día, la tarta, el sitio. Me abraza. Me dice que nada le podría hacer más ilusión. Me perdona – piensa Mar.
Hablamos tan poco y me han pasado tantas cosas que ya no puedo ni decirle “tía te tengo que contar taaantas cosas”– piensa Almudena.
Un momento ¿perdonarme? ¿Por qué? No tiene que perdonarme por nada. Que le den. Ya se lo diré cuando sea. O que se lo cuente Salva que para eso es su hermano – piensa Mar.
Vaya cara de amarga – piensa Almudena.

La terraza se va llenando de grupos de amigos que hablan a gritos: que si la tortilla de aquí no vale nada pero la tortilla de tal sitio es la tortilla que tienes que probar y que si no la has probado deberías callarte la puta boca; que si mejor empezar a beber ahora que empieza la resaca para no darle tregua porque la mejor manera de combatir la resaca es no darle tregua; que si bah, tía no le hagas caso, tú tienes razón, tienes toda la razón del mundo; que si es una zorra. Que si esto. Que si lo otro.

Vaya – piensa Mar.
Vaya – piensa Almudena.
¿Por qué hablan a gritos? – piensa Mar.
Qué manera de gritar. Total, para lo que están diciendo – piensa Almudena.
Qué miedo tiene la gente a estar callada – piensa Mar.
La verdad es que nosotras hablamos poco – piensa Almudena.
Almu y yo podemos estar calladas sin tensión – piensa Mar.
Pero sabemos cuándo no hace falta que digamos nada – piensa Almudena.
Compartimos el silencio – piensa Mar.
Somos capaces de no hablarnos como si hubiéramos estado sin hablarnos el día anterior. Es un placer no hablar con Mar – piensa Almudena.
Poca gente puede decir esto – piensa Mar.

–    ¿Pagamos? – dice Almudena.
Mar permanece callada. Antes de que Almudena insista, responde.
–    ¿Pedimos otra?
–    Claro – sentencia Almudena.
Almudena mira al camarero a los ojos y levanta dos dedos. El camarero asiente. Mensaje recibido. Las dos amigas siguen en silencio.
A ver con qué delicia nos sorprenden ahora – piensa Almudena.
Patatas, banderillas, anchoas gratis ¿no Almu? – piensa Mar.
¡Ah! Que no se me olvide que tengo que ir a la ferretería. A por la rueda de… ¿dónde hay una ferretería por aquí? – piensa Almudena.
Qué bien se está aquí – piensa Mar.
A ver si tienen una rueda para el… Y si la tienen compro unas cuantas. Voy a ponerle ruedas a todo. Todos los muebles con ruedas – piensa Almudena.

 

♦♦♦

Escrito por Marina Fornet Vivancos. Ilustración de Rocío Mateos

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