Negro Brillante – Capítulo 1

NB_01_reducido

Ábrelo despacio

 

Que si «nunca nadie entenderá las cosas como yo», que si «es que estoy tan sola y sólo él…», que si «¿qué estará haciendo, se acordará alguna vez de…?». Lo de siempre. Pero mira, me he despertado y se me había pasado todo. Qué bien no tener resaca ¿verdad? madrugar con este día ¿eh? vaya luz ¿te das cuenta de que la luz de hoy es diferente? hay algo en el ambiente que te dice que es sábado, sin lugar a dudas, abres la ventana y lo notas ¿a ti no te pasa? a mi sí, es como si todo se volviera más, no sé si me explico, como si pudieras hacer cualquier cosa ¿verdad? es una especie de sensación de… Los domingos también, aunque son como ¿más blancos? te aprietan ¿a que sí? pero los sábados a esta hora… Qué buena idea madrugar hoy, la gente abriendo las tiendas, fregando la acera ¡libertad! bueno ellos no, pero nosotras ¡somos libres! ¿a que sí? ¿no sientes que tenemos todo el tiempo del mundo? siento que podría hacer cualquier cosa.
–    Uhm.
–    ¿Entonces qué: parque, exposición, vamos a desayunar? ¡sí! ¡vamos a desayunar!
–    Lo que quieras, me da…
–    ¿Te da qué?
–    Me da igual.
–    ¿Y eso? ¿No estás contenta?
–    Psá.
–    Oye ¿te pasa algo? Tengo la sensación de que …
–    No. No me pasa nada ¿Qué haces? ¿Por qué te sientas?
–    Siéntate.
–    ¿Hay un plátano en el banco?
–    Calla. Siéntate. Escúchame. Me he fijado. Tú no estás bien.
–    Sí estoy bien.
–    A mi no me engañas.
–    Y a mi no me pasa nada, de verdad, sigamos con el…
–    Escúchame. No se puede estar mal en un día tan maravilloso: sábado, sin resaca, con ésta luz ¿Por qué siempre te cuesta tanto empezar a disfrutar?
–    De verdad qué dices unas…
–    ¿Unas qué?
–    Nada. Será el calor. Y una cosa que he… nada, una tontería, da igual. Qué calor hace ya.
–    ¿Un cosa que qué?
–    Nada.
–    Estás blanca.
–    Como un domingo.
–    En serio ¿qué cosa?
–    Una especie de sueño, una visión que tuve antes, en tu casa. Muy real. Pero olvídalo, no es nada.
–    ¿En mi casa?
–    …
–    ¿Mientras yo me…? ¡Ah!
–    No…
–    ¡Sé lo que es!
–    No.
–    ¡Va sobre mi! ¡Lo-sé-lo-sé-lo-sé!
–    ¡No! O sea sí, pero ¡no! ¡no lo sabes!
–    ¡Va sobre mi!
–    Joder…
–    A ver, que soy yo, no te sientas incómoda ¿vale? comprendo perfectamente que te hayas quedado así porque yo también… Bueno, aprovechando que has sacado el tema tengo que decirte que hace un mes o así yo también tuve un sueño con… contigo. Y no le di más importancia porque está claro que ni tú ni yo somos lesbianas, aunque podríamos, sobre todo yo que soy más sexual, y porque con todo el tiempo que estamos juntas, tarde o temprano tenía que pasar, el cerebro hace esas cosas. Pero no hay que darle más importancia. Además, no te ofendas, a ver cómo te digo esto… está claro que, en fin, que ninguna de las dos somos del tipo de la otra.
–    ¿¡Qué!?
–    Ostras. A ver… que a lo mejor me estoy, tú ¿tú sí?
–    ¡Dios cállate! ¡pesada! ¡no!
–    En confianza. Mírame. Te prometo que no va a cambiar nada ¿Tú sientes algo por mi?
–    ¡Que he visto tu muerte, imbécil!
–    ¿Eh?
–    Tu muerte, sí, tu muerte. Estaba en el sofá de tu casa y se me ha pasado por la cabeza la imagen de un lirio blanco en un jarrón; el jarrón en una habitación blanca y la habitación en un hospital. Y tú ahí, en una cama inmensa, enferma, sin fuerzas, con el cuerpo hinchado, como si, como si fuera más sólido de lo que… y de repente ¡Pum! ¡Estabas muerta! ¡Tú estabas muerta! Mientras te secabas el pelo yo estaba en el tanatorio delante de mil personas intentando encontrar las palabras para describir, para describirte, para demostrarle a todos lo mucho que, lo bien que yo te, todo lo que tú me… ¡y no se me ocurría nada! ni idea sobre qué decir sobre ti, como si no te conociera, lo he visto, lo he visto todo ¿vale? te morías, te mueres ¡que te vas a morir! ¡he llorado de verdad!
–    Pues vaya.
–    ¿Pues vaya?
–    Oye… ¿y quién estaba? ¿estaba…? ¡ay dime que sí! ¿destrozado?
¿guapo? ¿abrazando a mi madre? Buah, sería la señal definitiva de que…
–    ¿¡Cómo que quién estaba!? ¿te da igual todo? ¿te da igual morirte mañana? ¿y si me muero yo antes? ¿qué vas a hacer? ¡que nos morimos! ¡que un día vas y no existes! ¡que voy a desaparecer! se acabó, ciao, hasta nunca; he sentido como si me estuviera borrando, deshaciéndome, físicamente, ha sido tan real, todo. Se me ha disparado el cerebro; no puedo pensar en otra…
–    Ya ¿eh? A veces pasa.
–    ¿¡Y no te importa!?
–    Psá. Sí, pero lo tengo todo tan atado…
–    ¿Atado?
–     Verás, mi hermano y yo nos hicimos una cuenta conjunta cuando mi padre… Compartiremos nicho al lado del suyo. Mi madre va con él, claro. Ya tengo de sobra para la incineración que parece que no, pero es lo más caro. Bueno y una urna que es, buah, no te la crees, quería que fuera una sorpresa pero a ti te lo puedo decir, no te creerías dónde la he encontrado, eso sí que me lo guardo, va a ser el único secreto que me lleve a la tumba ¡ja ja ja! ¿Preparada?¿sí? te lo voy a decir, pero recuerda, que quiero que sea una sorpresa ¿ok? respeta mi última voluntad ¡ja ja ja! atenta, flipa: Sottsass ¿No es genial? Es curioso que no se suele cuidar éste detalle y me parece casi el más importante, lo último que quiero es pasar la eternidad en un tarro feo que no me representa, entiendes ¿verdad?. Si sobra dinero, flores: quiero un camino de flores desde la entrada del cementerio hasta ¿por qué me miras así? ah, que pensabas que iba a pedir que arrojaran mis cenizas al mar y todo eso ¿verdad? pues resulta que me encanta ése sitio. Se respira tanta… ¿paz?. Un poco como hoy, ahora que…
–    Me estás tomando el pelo.
–    Obviamente.
–    ¿Por qué siempre haces esto?¿porqué siempre conviertes las cosas importantes en…?¿por qué ésta necesidad de…?
–    ¿¡Y tú!?¿¡por qué tienes que convertir todo en una…!? ¿¡qué esperas!? ¿¡que me ponga a llorar porque has estado alucinado en mi sofá!? ¿¡de verdad te acabas de dar cuenta de que no vivirás para siempre!? ¡pues qué suerte! Yo tampoco quiero morirme, pero de todas las cosas que me van a pasar te puedo asegurar que es lo que menos miedo me da ¿y sabes por qué? ¡porque no puedo hacer nada para evitarlo! Por mucho que lo piense, por muy convencida que esté de que mi época va a ser «ésa época» de la historia en la que los científicos inventan al fin la pastilla de la inmortalidad ¡es imposible! ¿Tienes miedo a la muerte? enhorabuena ¡como todo el mundo!. Pensaba que eras capaz de pensar en cosas más originales, pero ya veo que no ¿eres normal o qué? es como si me hubieras preguntado si he ido a las rebajas.
–    …
–    Honestamente, me interesa más pensar cómo es posible saber que es sábado con sólo mirar por la ventana.
–    …
–    O imaginarme la cara del tío que ha dejado este plátano aquí; apenas lo ha mordido y lo ha dejado tan bien colocado, tan… ¿Por qué siempre se piensa que ha sido «un tío»? «Un tío» entró a robar. «Un tío» se empezó a comer un plátano y se le ocurrió que tú y yo acabaríamos aquí sentadas ¿y si nos está vigilando desde aquella ventana? bueno, es sábado y los sábados no creo que haya nadie en el Banco de España, a no ser…  que sea un vigilante, claro. No se ha puesto pocho ni nada. «El plátano incorrupto», un nuevo episodio de… Tiene buena pinta. Si le quito esto ¿a ver?
–    ¡¿Pero qué haces?! ¡no sabes quién lo ha chupado! Qué asquerosa eres, a veces.
–    Apúntatelo para cuando tengas que recordarlo. Oye, está buenísimo.

♦♦♦

«Ábrelo despacio» es la primera entrega de Negro Brillante, una serie de Marina Fornet y Rocío Mateos para Revista Jaleo! en la que analizaremos por qué ciertas oscuridades llegan a deslumbrarnos y el precio del petróleo.

 

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