Mesillas de noche Vol. II

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De nuevo contamos con 3 ilustradorxs que nos acercan a habitación y nos enseñan qué cosas guardan en sus mesillas, las horquillas y monstruos que tienen y lo poco que éstas se quejan.

 

Sara Pazos

Mi mesilla de noche fue heredada y ya vivió en varias ciudades. A mi me ha acompañado en mis dos casas de Oporto así que lleva conmigo cinco años. Cumple su función correctamente aunque siempre pienso en cambiarla por una más alta o por una más grande. Pero la mesilla ahí está día tras día acumulando horquillas, gomas y pelos encima, dentro y debajo de ella.

En su interior a un lado hay varios libros que me gusta tener cerca. Dos sobre cómo aliviar el dolor de espalda, uno de mi infancia, el que me regaló mi madre estas navidades y Todo Mafalda. Al otro lado hay un masajeador sin pila y al fondo cremas olvidadas hasta el verano. También un enfuche triple por si acaso.
En la parte de arriba durante el día sólo están el cuaderno (porque se me ocurren cosas cuando estoy pillando el sueño) y el boli, que puede estar o no depende de si los gatos estuvieron jugando. La piedra que me regaló mi tía que absorve las radiaciones (creo) y el hidratante labial. Después por la noche la mesa se completa con el móvil, el iPad si voy sin sueño para la cama y por último las gafas y más horquillas con pelos claro. La verdad es que nunca le había prestado mucha atención a mi mesilla porque sólo la uso cuando voy a dormir, además me quedo sopa enseguida y la mayoría de las veces ni enciendo la luz para meterme en cama, así que pobriña… no le doy casi nada de uso.

sarapazos©jaleo-copia

 

Fran Ferriz

Duermo poco y muchas veces con pesadillas. La noche me gusta para pasarla despierto, pero cuando me acuesto y apago la luz, todos esos monstruos que hay en mi cabeza salen a pasear. En mi mesita tengo siempre el móvil, una lámpara y una libreta para dibujar. En los cajones hay todo tipo de cosas, pero muchas veces son imaginarias, hay monstruos, fantasmas y tentáculos.

franferriz©jaleo-copia

 

Celia Sacido

Mi mesilla en realidad no es mía, es (o más bien, fue) del anterior inquilino que por circunstancias todavía desconocidas a día de hoy tuvo a bien dejárnosla aquí. Es el típico modelo clásico básico “Konscher prosten chopë”, de líneas rectas y robusto empaque, que después de una buena capa de pintura y un par de tiradores nuevos empezó a lucir un aspecto más joven, amable y hogareño. Dicho lo cual, tengo que reconocer que desde aquella capa de pintura tiempo a… no había vuelto a fijarme en ella, es más, no sé ni lo que hay en los cajones, de lo que deduzco que: mi mesilla es una muy buena mesilla. No da ningún quebradero de cabeza, es discreta y lo mejor es que lo aguanta todo, montañas de libros, montañas de ropa, montañas de botellas de agua, incluso montañas de gatos y porqué no, montañas de polvo también. A mí me encanta, gente pongan una mesilla en su vida. Pero claro, que voy a decir yo de mi mesilla que desde hace años duermo a su vera y ¡Jamás la he oído roncar!

celiasacido©jaleo-copia

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