Mesillas de noche vol. I

Ay nuestras pobres mesillas de noche… La de mierda que pueden acumular todas ellas. Da igual que las ordenes, tires cosas… Al final siempre acabarán llenas de botellas de agua, gomas de pelo, horquillas y montones de libros. Hemos pedido a tres artistas que nos cuenten cómo son las suyas y realicen una ilustración exclusiva para la revista.
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Aizpea Lasa.

Mi mesilla son dos palés unidos por una tabla. No es muy ancha pero es alargada así que acumulo bien de cosas. En uno de los extremos van los libros y comics que estoy leyendo, desde Rosalie Blum de Camille Jourdy a John Berger sobre el dibujo. Junto a los libros una crema para los pies, el inhalador del asma y una botella de agua (se me ha olvidado dibujarla y es muy importante porque después de chutarme lo del asma, tengo que beber agua) También tengo un cuadro de una buena amiga que hace unos collages maravillosos y una lampara con una imagen de un niño y una niña que están siendo abducidos por un ovni, la luz de la lampara es muy molona. En el otro extremo, un trozo de madera a modo de cuadro pequeño donde aparece una señora sentada en el aire que hice hace años y un despertador del pleistoceno.

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Clara López.

Mi  mesilla de noche es una banqueta, por razones económicas y de espacio. Tengo un mini hueco entre la cama y el escritorio que parece hecho a medida para la banqueta. La banqueta es de madera barnizada, marrón clara, y el asiento es de mimbre. Es tradicional a la vez que sencilla. Unas muescas en cada pata son su único ornamento. Lleva siendo mi mesilla unos meses, aunque desconozco su edad real. Sí sé que antes ejercía de banqueta en la cocina. Me pregunto si estará a gusto con su nueva labor.
Como no es muy grande, no entran demasiadas cosas a la vez. He tenido que prescindir de aquellos objetos que siempre están en una mesilla de noche, como el despertador, o la lamparilla, porque sería imposible colocar otras cosas, así que es una mesilla multifunción para objetos efímeros. Casi siempre está mi ordenador, dónde veo películas antes de dormir para soñar cosas bonitas; en ocasiones algún libro; si estoy malita y ceno en la cama, ahí dejo la bandeja… A veces solo hay una maraña de cables y cargadores.
Hay días que me quedo mirando la banqueta pensando que debería comprarme una mesilla de verdad, con más espacio y algún cajón. Pero sé que empezaría a acumular cosas y cosas. En realidad la banqueta mantiene a raya mi diógenes. Así que todo bien.

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Maitane Ochoa.

Mi mesilla no es una mesilla, próximamente quizá lo sea, pero nunca le he dado importancia por no disponer de espacio vital.
Ahora mismo mi mesilla es una extensión de lo que, en realidad,  es mi mesa de dibujo, mi escritorio, mesa de ordenador, a veces mesa de comer…
En esta mesa paso mil horas, y como es bastante grande, un cachito del extremo lo dedico a poner todos los libros que con muy buena intención empiezo a leer y se van apilando unos sobre otros.
No exagero, normalmente hay más, definitivamente tengo un problemón con la lectura, pero ya veis amigos, no desisto.
También esta la orquidea que me regalaron por mi cumpleaños que ya no tiene flores, pero tengo la esperanza de que vuelva a tener hijitos.
Por otro lado mi mesilla, que no merecemos llamarla mesilla, es un cementerio de gomas de pelo y horquillas, ese mundo paralelo del que hablan algunos, ese mundo de gomas y horquillas….es el extremo de mi mesa reconvertido en mesilla, chavales! que no lo sabiais!
Antes de tener gatos mis mesillas solian estar petadas de TODO, pero ahora resumo a libros y objetos grandes que no puedan ser ingeridos por felinas, (las horquillas no les despiertan interés alguno más allá de desparramarlas por el suelo).

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