Arnau Sanz

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El dibujante de cómics Arnau Sanz estará este fin de semana presentado Llavaneres en Walden y hemos aprovechado el viaje para que nos responda unas preguntas en la que es nuestra primera entrevista del año.

Este fin de semana vas a presentar “Llavaneres” en Madrid, que es tras “Nacatamal” y “Albert contra Albert” tu tercer cómic.¿Qué tal acogida está teniendo?

Creo que en general es buena, pero más floja que con Albert. Mi editorial no invierte en publicidad. Enviamos algunos cómics a medios y esperamos a ver qué pasa. Con el primer cómic funcionó muy bien el boca-oreja, hubo gente desconocida que me escribió hablando sobre el cómic, y fue increíblemente bien habiendo hecho solamente dos presentaciones. Nacatamal ha ido bien, fue un encargo de Apa Apa y poco a poco se ha ido moviendo.

Llavaneres, en cambio, está costando más. He intentado hacer el máximo de firmas posibles, entrevistas, para así compensar la falta de publicidad del libro y poder vender más o menos lo mismo que con los otros.

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“Llavaneres” parte de tus recuerdos de aquellos veranos en los que uno es un crío, algo con lo que todos nos sentimos identificados. En cambio, en “Albert contra Albert” nos cuentas la historia del trastorno bipolar que sufre tu padre por el abuso de drogas y alcohol. Y lo haces de una manera directa, sin florituras ni victimismos ¿Por qué querías contar esta historia tan íntima en forma de cómic?

Bueno, en esa época yo estaba un poco al límite de todo. No tenía trabajo, mi padre estaba bastante mal, cada día había líos, y estaba intentando terminar un cómic que ya hacía tiempo que no me llenaba. Me faltaban cuatro o cinco páginas. Y empecé a pensar que necesitaba un proyecto que me creyera y pudiera soportar los meses de dibujo sin agotarme. La decisión fue fácil. Además me sirvió de alguna manera para echar presión fuera, contar cosas a mi familia que no sabían, y, quizás, ayudar a alguien que pudiera estar en una situación parecida a la mía.

Nacatamal fue lo más parecido a un fanzine. Pocas páginas y contar una historia dura sobre mi experiencia en Nicaragua de una forma más ligera. Llavaneres, en cambio, fue una decisión más sencilla y sin ninguna necesidad personal “liberadora”. Es un libro que parte de un recuerdo agradable que simplemente quería compartir.

Tus cómics tienen un estilo más cuidado que los fanzines, son más poéticos. ¿Te planteas de una forma distinta, a la hora de trabajar, hacer una historieta para un cómic o para un fanzine?

Sí, para mí, el fanzine es para lo que no es serio. Para soltarme. Tengo Tito, que es humor, y allí suelto un poco la parte más payasa de mí, y en general siempre lo he hecho con los fanzines. 50 páginas, unas risas, no pensar demasiado y punto. En cambio, uso los cómics largos para la parte más seria, de autor que no hace tantas bromas, un poco estiradillo, pero que realmente es la que más me llena. Y en estos proyectos ya desde el principio la idea del libro, el pensar en la portada (que es lo primero que hago antes de empezar a dibujar), es mucho más fuerte que en un fanzine. Sé que hay autores que hacen fanzines serios y/o mezclan formatos, pero no es mi caso.

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A lo largo del año hemos visto que publicabas en Facebook fragmentos de “Allau”, “Tibirís”, un proyecto de un libro infantil, … ¿Nos cuentas en qué andas metido?

Pues Tibirís es un proyecto de cómic largo el cual tengo la mitad de las páginas hechas. Está pintado en acuarela. Habla sobre las mujeres y la relación con la homosexualidad en la posguerra. Me han influenciado historias que me contaba mi abuela sobre su tío. Estoy viendo si me autoedito o lo saca una editorial diferente a la que me ha publicado mis trabajos.

Allau habla sobre unos escaladores que quedan atrapados en un alud. Es más “experimental”, ya que tiene el fondo de la página también pintado y la verdad es que voy un poco perdido sobre el resultado final de la página que quiero conseguir, pero ya hay algunas que me parecen muy buenas. Otras, todo lo contrario. En ello estoy.

Y los libros infantiles, pues siempre me ha gustado la idea de hacer estos libros, un poco más serios o diferentes gráficamente a lo que veo normalmente, que no me gusta nada. Y aprovechando que había un premio de libro infantil, decidí presentarme. Si no sale, lo empezaré a mover por editoriales esperando que suene la campana.

A través de tus fanzines, como en “Tito en el Aeropuerto”, hemos conocido algunos de los trabajos que has tenido a lo largo de los años. A pesar de que no paras de dibujar, parece que es difícil vivir solamente de ello. ¿Tu situación laboral influye en tu obra?

Bueno, difícil no, ahora mismo es imposible. Viendo los porcentajes que nos llevamos los autores, que, recordemos, sin nosotros no existiría el libro, parece ridículo siquiera que sigamos publicando. Cuando vi el número de copias vendidas de Albert y vi la liquidación que me hicieron, de menos de 800€, no sabía qué decir. ¿Un año trabajando para esto? Por esta y varias otras situaciones más, mi decisión final es autoeditarme. Parece que mi trabajo no encaja en casi ninguna línea editorial (y eso que creo que es bastante comercial, en cuanto a temática y estilo), así que tanto Tibirís y Allau, les he dado una oportunidad en una editorial, y si no sale, pues lo edito yo mismo.

Después de este speech, y volviendo a la pregunta, intento que mi situación laboral no influya, siempre tengo trabajos de media jornada, cobro poco pero lo acepto ya que me da la libertad de pagar la comida y a la vez seguir teniendo tiempo (no tanto como el que me gustaría, pero no me voy a quejar) para hacer mis proyectos de forma totalmente libre.

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También te dedicas a la música,(Mujeres, Naturalesa Salvatge)¿Dirías que pasa tres cuartas partes de lo mismo? No me refiero a enriquecerse, pero sí a poder vivir de lo que uno hace.

Bueno, la música siempre lo he visto como algo más lúdico. No me siento músico pero sí dibujante. Por eso tampoco me he planteado vivir de ello, y cuando ha habido dinero, siempre hemos pensado en gastarlo intentando ir a estados unidos, por ejemplo, o a publicarnos algún disco.

Volviendo a los cómics, háblanos de los nuevos autores españoles, ¿crees que tenéis unos temas o preocupaciones en común?

Pues la verdad, es que no me siento parte de los autores de cómic españoles. Sigo a algunos, y me interesan sobretodo sus procesos de trabajo, pero lo que veo, ya sea en autores nuevos más o menos comerciales, es que tienen, la mayoría, una dosis de humor más alta que la mía en su obra. Y en muchos de ellos, directamente, no veo que haya preocupación de ningún tipo. Simplemente, y es totalmente lícito y válido, cuentan una historia sin ninguna pretensión más que la de entretener.

¿Y los lectores? ¿Hay nuevas generaciones de lectores dispuestos a gastarse los cuartos en engordar sus bibliotecas particulares?

Pues, amenos en mis libros, veo más gente de 40 hacia arriba comprándolos que gente joven, exceptuando a mis amigos que hacen lo que pueden para comprar mis cómics. Creo que la gente joven está más interesada en las nuevas editoriales o nuevos autores con propuestas que solamente son gráficas, sin contenido.

No entiendo como un autor como Irkus M. Zeberio o Gabriel Corbera no venden el triple de ejemplares si son fusilados constantemente por chavales que ahora están de moda, son guays y salen en todas las reseñas. El público joven y moderno actual compra el nuevo autor que toca, sin más. No hay preguntas, no hay búsqueda, solamente modas y quererse sentir parte de lo que ahora toca. No creo que nos beneficie en nada y, desde luego, no es el público de usar y tirar que quiero ni necesito.

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Fotografía de I. Montero Peláez

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